La Ciudad en la Prensa

Espacio público feriado

Por: Luis Acebedo (Profesor Universidad Nacional de Colombia)

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La Plaza de Mercado de Manizales, entre la formalidad y la informalidad

Los alumbrados navideños y la Feria de Manizales, son dos acontecimientos de gran importancia para la ciudad porque congregan a propios y extraños en torno al jolgorio vacacional. Sin embargo, es el período del año en el que más se atropella el espacio público por parte de quienes están en la obligación de preservarlo, cualificarlo y expandirlo, es decir, los gobernantes.

Resulta curioso y contradictorio el comportamiento de los líderes gremiales y políticos de la ciudad. Durante 10 meses del año piden a gritos recuperar el espacio público de manos de los vendedores ambulantes porque impiden el comercio organizado, limitan la circulación de los consumidores y afean el paisaje urbano. Pero son ellos mismos los que en diciembre y enero se toman los parques, plazas, andenes y avenidas para convertir toda la ciudad en un bar al aire libre, un centro vacacional con tobogan incluído, una fonda con beodos de poncho y sombrero arrastrando su humanidad alicorada tratando de llegar incólumes a la próxima esquina, un parque temático, etc. No en vano, muchos habitantes de Manizales, entre los cuales me incluyo, preferimos salir de la ciudad buscando opciones diferentes, huyendo del bullicio, la algarabía, el salpicón musical que produce caminar escuchándo en cada local una canción diferente a los decibeles más altos, o simplemente, saltando de la acera a la calle y visceversa porque no existe la más mínima posibilidad de transitar libremente como un simple peatón.

Habría que hacer la salvedad de la empresa de energía eléctrica, quien desde hace un par de años se preocupó por investigar y escuchar diferentes voces en torno a la manera de hacer el alumbrado navideño y en ese ejercicio participativo dentro del cual consultó la academia, parece haber concluído que espacio público y alumbrado navideño son complementarios, no excluyentes. Y con un poco de creatividad e innovación pudo sorprender a los ciudadanos con diferentes opciones de iluminación que, preservando el espacio público para el público, le permitió resignificar las fachadas de algunos edificios y lugares patrimoniales, localizar objetos navideños en lugares que no impidan la circulación o la permanencia y favorecer la apropiación social de otros espacios que  no hacen parte del eje comercial de la Avenida Santander.

Lo mismo debería hacer la alcaldía y el sector comercio para las próximas ferias  y fiestas. La administración municipal ejerce el liderazgo en la administración y gestión del espacio público. Ellos deben procurar el ejemplo y estimular campañas de educación para que el disfrute de la Feria no signifique romper las mínimas normas de convivencia y disfrute del espacio público a favor de un lucro cortoplacista. El comercio, por su parte, debe ser consecuente con el estimulo a la formalización de su actividad promoviendo el uso intesivo de los locales comerciales y garantizando las condiciones para que aquellos nuevos y temporales espacios que se generan para esa actividad cumplan con todas las características que le permitan a los consumidores una actividad comercial digna y respetuosa con los ciudadanos de a pie.

Si partimos de considerar la ciudad como un lugar de encuentro cívico y ciudadano entre diferentes, es necesario pensar que la urbe debe adaptar sus espacios para garantizar que los intereses individuales no se sobrepongan a los intereses y necesidades colectivas. Ese debe ser un pacto común para garantizar la convivencia, la democracia y, en últimas, el derecho a la ciudad.

Razón tiene Jordi Borja, el urbanista catalán, cuando advierte que urbanización no es ciudad.  La diferencia sustancial está en la cantidad y calidad del espacio público y en la forma como los ciudadanos hacemos uso de él.  Las dinámicas dominantes en las ciudades tienden a privatizar los espacios públicos, por eso es necesario diferenciar entre consumidores y ciudadanos. Estos últimos tienen el derecho a difrutar de la ciudad y su espacio público sin verse obligados a participar de los círcuitos de consumo.

La Feria de Manizales es un claro ejemplo de lo mucho que debemos avanzar en cantidad y calidad del espacio público en la ciudad, y demuestra que 4 m2 de espacio público por habitante resultan completamente insuficientes para garantizar el derecho a la ciudad en sentido democrático.

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