Caleidoscopios Urbanos

“Quisimos viajar al futuro y ya llegamos”

Por: Luis Fdo. Acebedo R.

 Así anuncia una valla publicitaria la inauguración de la nueva terminal de transporte de Manizales, localizada en el sector de Los Cámbulos, al sur de la ciudad. Con semejante provocación quise ser un testigo directo de esa nueva realidad futurista que los albores del siglo XXI nos sugiere para la ciudad, al fin y al cabo, sus dirigentes políticos, de hace unos años para acá, se precian de ser los nuevos representantes de esa idea de progreso que caracterizó la modernidad tardía de Manizales, cuando a mediados del siglo pasado celebró su primer centenario queriendo emular las ciudades más prósperas del mundo industrializado por medio de la diáspora de obras construidas en toda la ciudad sin contexto ni pretexto.

Hoy, como hace más de medio siglo, parece que la realización de obras de infraestructura sin una planeación previa continúan siendo referentes fundamentales de crecimiento y avance de la ciudad, y particularmente aquellas relacionadas con la movilidad y el transporte. Ampliación y construcción de vías, viaductos y puentes, son, junto con la construcción del aeropuerto del café en el municipio de Palestina, las terminales de transporte y el cable aéreo, las obras predilectas de gobernantes, comerciantes y empresarios, para alcanzar su anhelado sueño de estar entre las ciudades más competitivas y globalizadas del país y el mundo. Si bien es cierto, todas ellas pueden resultar trascendentes en un mundo que busca acortar las distancias entre tiempo y espacio, también lo es que no puede lograrse a costa de lo aparentemente trivial, esto es, el espacio vivido, aquel que nos permite relacionarnos cotidianamente con los otros.

Pues bien, los manizaleños de cuna y por adopción, los visitantes consuetudinarios de la ciudad, tienen serias razones para preocuparse por el presente y futuro que están ofreciendo sus dirigentes en materia de obras de infraestructura. Si fuera por la terminal de transporte de Los Cámbulos, los ciudadanos tendríamos que resignarnos a una Manizales siempre inconclusa, como lo está todo el proyecto que ya se encuentra en pleno uso desde el pasado mes de abril. Un futuro aún empedrado es el que se sugiere cuando los pasajeros acceden a las bahías de ascenso de los buses intermunicipales. Una Manizales futurista totalmente agresiva con los ciudadanos de a pié, como diariamente tienen que hacerlo los pasajeros que usan el servicio público para llegar o salir de la terminal, ante la ausencia de un cruce peatonal seguro en la avenida Panamericana. Una ciudad que no brinda un cobijo seguro a sus habitantes frente a las inclemencias del tiempo, porque aún no se han construido unos paraderos cubiertos en las zonas de cargue y descargue para dignificar la llegada y salida de los usuarios consuetudinarios.

Si el futuro ya llegó, entonces sufriremos los problemas de una ciudad echada a la suerte de la improvisación y el caos, pues se ha dado al servicio una infraestructura de semejante trascendencia sin una clara previsión de sus impactos urbanísticos colaterales. Desde ya se observa el movimiento inmobiliario en las vecindades de la terminal de transporte y aún no se conoce un plan para guiar y ordenar las transformaciones urbanísticas que un equipamiento de esta naturaleza genera a su alrededor (hoteles, restaurantes, actividades comerciales, etc.). En las periferias inmediatas, comienzan a observarse los paraderos satélites de taxistas y vehículos piratas recogiendo o dejando pasajeros en lugares no acondicionados para ello.

Manizales ya tiene varios antecedentes de improvisación en estas materias. Para no salirnos del tema, baste recordar los debates suscitados cuando se discutía el proyecto de la Plaza Alfonso López en el centro de la ciudad. El gobierno municipal argumentó que tenía estudios recientes en donde se demostraba la vigencia de la terminal de transportes del centro por más de 20 años, y al poco tiempo, un nuevo estudio concluía la necesidad inmediata de construir una nueva terminal. Algo parecido sucedió con la desafortunada localización del terminal mixto de transporte intermunicipal e interveredal, definida a dedo por el Alcalde Rivas en el antiguo lote de la Escuela Jorge Robledo, contiguo a la Plaza de Mercado en la Comuna San José. Los estudios realizados por la Universidad Nacional para la formulación del plan parcial de renovación urbana del sector de La Galería sugerían otros predios más apropiados para su localización, ligados a medidas complementarias del manejo del tránsito vehicular y las zonas de cargue y descargue en el sector. A pesar de ello, el lote de marras fue entregado a la Terminal de Transportes a título de comodato y en menos de lo que canta un gallo se construyó esa pobre infraestructura cuyo principal aporte ha sido complejizar la problemática del sector de la Plaza de Mercado e inviabilizar el Plan Parcial, luego de más de un año y medio de trabajo conjunto con la administración municipal y una interesante dinámica de concertación ciudadana. Y ni para que hablar de las “razones técnicas” que justificaban el diseño y posterior construcción del Cable Vía.
En fin, la ciudad hace giros de 180 grados, para que todo siga igual. Todo parece indicar que un futuro digno y con alta calidad de vida aún será esquivo para las gentes de Manizales.
23/06/2009
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2 thoughts on ““Quisimos viajar al futuro y ya llegamos”

  1. La conversa es buena, atractiva, incluyente. Debe existir un mecanismo de difusión para todos los sectores politicoeconómicos de Manizales.

  2. El gran problema de Manizales es que siempre se ha planificado como una "COLCHA DE RETAZOS" no hay unidad y es dificil desarrollar una ciudad si cada proyecto se ve y lee de forma individual. Que buen espacio este blog.

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