Caleidoscopios Urbanos

Arquitectura para la integración ciudadana

IMGA0152 Hall de acceso del Centro de Convenciones Plaza Mayor en Medellín, sede principal de la realización de la VII Bienal de Arquitectura y Urbanismo, 2010.IMGA0163 Mayoritaria presencia de jóvenes universitarios, quienes como “esponjas” recibieron una buena dosis de conocimientos sobre la Arquitectura y el Urbanismo en Iberoamérica.

Por: Luis Fdo. Acebedo R

La VII Bienal Iberoamericana de Arquitectura y Urbanismo bajó el telón el pasado jueves 14 de Octubre en la ciudad de Medellín (Colombia). El lema en esta oportunidad fue la “Arquitectura para la integración ciudadana”, quizás por el interés de mostrar las importantes transformaciones urbanísticas que Medellín ha emprendido en las barriadas y comunas de la ciudad a partir de los equipamientos colectivos y los llamados Proyectos Urbanos Integrales (PUI) en la última década. Sin duda, un referente valioso para las demás ciudades colombianas y un loable esfuerzo por dignificar la calidad de vida de los ciudadanos más pobres de la capital paisa.
Aún así, me llamó mucho la atención que buena parte de los moderadores de los debates, luego de la presentación de las ponencias, preguntaran insistentemente qué se entendía por “arquitectura para la integración ciudadana” y si este lema había prevalecido en la escogencia de las obras mostradas y premiadas en la Bienal. En realidad no hubo respuestas muy satisfactorias por parte de los jurados, quedando en el ambiente la sensación de que fue más un eslogan que un eje estructurador de los contenidos temáticos de la Bienal.
Así parece ratificarlo la publicación impresa que recoge los proyectos seleccionados para este certamen en donde apenas se hacen sutiles menciones a estos conceptos. La Ministra de Vivienda del Gobierno de España precisa en los prolegómenos del libro que “Este lema responde a un cambio de ciclo económico y social, por el que nuestras sociedades también cambiarán. La respuesta desde la arquitectura y el urbanismo debe contemplar ese escenario en el que el despilfarro de recursos, los excesos en la explotación del territorio y el abandono de la ciudad existente ante las oportunidades de los nuevos crecimientos, deberán permutarse por el principio de austeridad, el reconocimiento del ciudadano como objeto último del trabajo del arquitecto y el empleo y búsqueda de las soluciones desde la racional utilización de los recursos naturales”.
Por su parte, la Ministra de Cultura de Colombia, advierte en su presentación que, “el espacio público es el lugar en donde todos somos iguales, por eso el reto para los arquitectos y urbanistas constituye lograr construir ciudades más incluyentes, con escenarios que generen apropiación y orgullo de sus habitantes, en donde las diferencias sociales sean menos evidentes”.  El Arquitecto Roberto Fernández (Argentina) como miembro del Consejo Asesor de la Bienal es, quizás, mucho más explícito al afirmar que “La mejora de las relaciones entre las teorías y las prácticas de la arquitectura y el urbanismo, así como las necesidades y expectativas de los colectivos sociales, encuentran en la experiencia de Medellín una vigorosa satisfacción y, probablemente, el señalamiento de un rumbo de vuelta a unir calidad arquitectónica con calidad del espacio público, utopía de la modernidad empañada u obturada por la frivolidad posmoderna”.
Evidentemente, la Bienal Iberoamericana dejó más preguntas que respuestas a este interesante debate, pero sobre todo, un gran vacío que aún no se puede o no se quiere llenar para reflexionar sobre el papel de la arquitectura y el urbanismo en la construcción de ciudades y territorios sostenibles, para pensar esa manera de planear y habitar los territorios que vivimos. Desde el punto de vista de los ponentes, contadas excepciones, hicieron alusión a la búsqueda de nuevas opciones de políticas y estrategias orientadas a lo que podría llamarse “la refundación de la arquitectura y el urbanismo” para responder a los nuevos tiempos y a las exigencias profesionales y éticas en épocas del predominio de la globalización de los mercados. Estos temas fueron abordados -yo diría que valientemente por su visión alternativa-, tanto por Alberto Calla de Bolivia, quien planteó los nuevos elementos de política urbana y de vivienda que construye su gobierno con el apoyo de la academia para responder a las particularidades de la situación boliviana y al interés de garantizar el derecho social a la vivienda y al hábitat, como por Mauricio Arana de Montevideo con sus reflexiones sobre la inclusión socio-espacial en Uruguay y los trabajos que desarrollan en las periferias urbanas; e igualmente, las lúcidas reflexiones de José María Ezquiaga de España quien expuso los fundamentos de su propuesta sobre la Refundación del Urbanismo para responder a problemáticas tan agudas como la fragmentación socio-espacial, la dilapidación de los recursos naturales, los procesos de metropolización y nueva regionalización y la gobernanza, entre otros.
También fueron muy destacadas las reflexiones de Francisco Mangado de la Universidad de Navarra, España, quien desde la Arquitectura criticó fuertemente la importancia que ha adquirido “la imagen” sobre “los contenidos” en el ejercicio profesional, el sentido endogámico de los arquitectos alrededor del objeto, y a esa idea de “parecer”, más que “ser” como fundamento en los proyectos arquitectónicos. Mangado planteó alternativas orientadas a promover la arquitectura de la investigación, la unidad conceptual frente al contexto, la relación básica entre medios y fines, la Arquitectura del servicio, más que del servilismo, y el trabajo interdisciplinario para dar respuestas más complejas e integrales a los retos espaciales, entre otras.
Más que nuevos vientos, sentí que soplan algunas brisas tenues en medio de la tradicional tendencia de las bienales de Arquitectura a concentrarse en los mutuos elogios en torno a la exaltación de las obras de arquitectura como productos escultóricos para ser vistos en las revistas multicolores de Arquitectura. La bienal iberoamericana, que marca algunas diferencias con las bienales promovidas por las Sociedades de Arquitectos, no logra romper definitivamente con esa tendencia histórica pese a que intenta discutir algunos temas más complejos. Sin embargo, la publicación de los resultados sigue siendo un compendio de obras sin procesos, sin contextos ni pretextos.
Desde el punto de vista de la participación del gobierno colombiano en este certamen, especialmente del Ministerio de Ambiente, Vivienda y Desarrollo Territorial, responsable de la política pública en estas materias, se podría concluir que vamos en la dirección contraria a muchos países de América Latina y de Europa.  En términos de Ordenamiento Territorial, un funcionario anunció lo que podría llamarse una contrareforma a la ley 388/97, como es la tendencia en otros campos complementarios del desarrollo territorial del anterior gobierno y del actual. Quizás el principal aspecto sea la recentralización de muchas competencias que tienen los municipios, mediante la usurpación de funciones por parte de la Nación a través de instrumentos autoritarios como los Macroproyectos y particularmente del rescate legislativo de los Macroproyectos de Interés Social Nacional, declarados inconstitucionales recientemente, así como la renovación urbana en “áreas de importancia estratégica para el país” bajo visiones obsoletas y decimonónicas como la aplicada en el Macroproyecto San José de Manizales, basadas en el desplazamiento intraurbano, la segregación social y la reapropiación de nuevos y exclusivos sectores económicos de los predios y los usos del suelo para procesos especulativos.
Triste panorama gubernamental de “desintegración ciudadana” en Colombia en medio de esperanzadoras búsquedas de la arquitectura y el urbanismo en la mayoría de países iberoamericanos.
Referencias bibliográficas:
VV.AA. 2010. VII Bienal Iberoamericana de Arquitectura y Urbanismo, Medellín, Colombia. AECID, CSCAE, Ministerio de Cultura, SCA, Alcaldía de Medellín.
Universidad de Antioquia. Arquitecturas habitables. En: Revista Agenda Cultural Alma Mater, N°168, Agosto de 2010.
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