Caleidoscopios Urbanos

Metropolización y POMA en la subregión Centro-Sur de Caldas

Cuenca del río Chinchiná y territorio metropolitano. Fuente: Elaboración propia con base en SIR, Nodo Central, UTP.

 

Por: Luis Fdo. Acebedo R .

 

El reciente debate público sobre el cumplimiento de la sentencia del tribunal de lo Contencioso Administrativo de Caldas que obliga a Aguas de Manizales, Corpocaldas y Acuamaná, junto a los municipios de Manizales y Villamaría, a descontaminar el río Chinchiná en un plazo de seis años a partir del 2008, vuelve la atención sobre dos temas cruciales e íntimamente relacionados: Los procesos de metropolización en la subregión centro-sur de Caldas y el Plan de Ordenación y Manejo -POMA- de la Cuenca del río Chinchiná.

 

La decisión de los organismos de justicia ha causado escozor entre las autoridades por el corto tiempo previsto y sus altos costos, calculados en casi 200 mil millones. Y obviamente, han amenazado con trasladarle directamente al usuario la financiación de las obras requeridas por la vía de las tarifas de servicios públicos. Este es otro caso más en el cual los ciudadanos deben recurrir a estas instancias para hacer cumplir al Estado un derecho colectivo, mucho más importante en tiempos de búsqueda de alternativas frente al calentamiento global. Y algunas autoridades sólo responden con amenazas de nuevos cobros a la colectividad para justificar sus ineficiencias.

 

Al respecto surgen muchas preguntas sobre las razones por las cuales las autoridades judiciales debieron tomar cartas en el asunto, porque no son pocas las acciones que se han emprendido sobre esta cuenca, tales como el plan de manejo ambiental por parte de Corpocaldas, el proyecto de reforestación liderado por Procuenca, la administración del recurso agua por parte de Aguas de Manizales, el Sistema Regional de Áreas Protegidas del Eje Cafetero (SIRAP-EC), entre otros. Algunos de estos proyectos generan recursos importantes o los reciben de organismos internacionales por la venta de bonos de carbono.
Los hechos están demostrando la insuficiencia de medidas, pero sobre todo, la carencia de instrumentos de financiación y gestión para atender integralmente los problemas ambientales. Todo parece indicar que esta cuenca de tanta jerarquía e importancia para nuestros municipios es de todos y de nadie, quizás porque hasta ahora algunas instituciones públicas y privadas se han preocupado más por usufructuarla que por protegerla, y en todo caso con muy bajos niveles de regulación que atienden criterios todavía bastante fragmentarios.

Por complejo y costoso que ello sea, se hace necesario avanzar no sólo en la descontaminación de la cuenca del río Chinchiná, sino en general, en su planificación integral para atender todos los efectos actuales y futuros que genera un proceso de metropolización de hecho que se ha venido presentando entre todos los municipios comprometidos, es decir, Manizales, Villamaría, Chinchiná, Palestina y Neira.
No debería aplazarse más la idea de abocarse a la formulación de un POMA para la cuenca del río Chinchiná como instrumento de superior jerarquía que los POT municipales, para proyectar integralmente este territorio por la vía de la sostenibilidad ecosistémica.
A diferencia de muchos otros territorios, los cinco municipios mencionados tienen la ventaja de estar circunscritos espacialmente a una sola cuenca, es decir, la comparten, razón de más para pensarnos subregionalmente no como área metropolitana sino como cuenca. Ahí está la clave del planeamiento y de la construcción de subregión. Ese es el principal aporte e innovación que puede hacerle la subregión a la Ecoregión Eje Cafetero.
Esta cuenca, según datos de Procuenca (2006), tiene una extensión aproximada de 113.000 hectáreas. En ella se asientan unos 550 mil habitantes que representan el 57% de la población del Departamento y el 70% del PIB. Dentro de la subregión centro-sur, la conurbación Manizales-Villamaría concentra el 81.20% de la población, según el censo del año 2005. Es decir, es de una enorme importancia estratégica para el departamento, pues allí se concentra su mayor riqueza ambiental, cultural, de conocimiento y productividad. Aún así, no se autosostiene en aspectos claves como la seguridad alimentaria, entre otros aspectos porque un poco más del 50% del área cultivada de la subregión centro-sur está dedicada a la producción de café.

Desde el punto de vista ambiental, con el POMA podemos contribuir más colectivamente a la protección de parte del territorio asociado al Sistema de Parque Nacional Natural Los Nevados, que a su vez se constituye en la mayor riqueza regional en términos de biodiversidad y recursos hídricos del departamento, profundamente amenazado por el efecto invernadero y el calentamiento global.
La formulación del POMA de la cuenca implica pasar de una planeación sectorial a una planeación integral entre lo urbano y lo rural, lo cual conduciría a valorarse como un verdadero ecosistema que integre los recursos naturales con el subsistema de ciudades. Esa es la ventaja, el reto y la oportunidad. Desde esa instancia se pueden resolver apropiadamente los asuntos metropolitanos, no con los instrumentos limitados de la ley 128/94 de áreas metropolitanas pensada con la idea ya revaluada de una ciudad dominante y otras ciudades subordinadas, o con el inmenso error de ignorar el territorio rural. Desde el POMA no debería haber jerarquías marcadas por el número de habitantes o por la extensión del territorio. Todos somos parte de la cuenca y a ella contribuimos sinergéticamente de acuerdo a la manera como nos relacionamos con ella.
El POMA puede resolver por sí mismo la generación de recursos financieros para atender los diferentes problemas ambientales derivados de las acciones humanas sobre el territorio. Una de ellas, y muy importante es la urbanización, pero no la única. El sector productivo urbano y rural no está haciendo lo suficiente por el medio ambiente y aún hay que utilizar medios coercitivos para evitar sus efectos contaminantes y pagar por ello. Todo lo anterior nos tiene que llevar a desarrollar múltiples innovaciones en materia de financiación y gestión de los recursos ambientales, de los bienes y servicios producidos, buscando preservar el espíritu de la ley de ordenamiento territorial en cuanto a la distribución equitativa de las cargas y beneficios que genera el aprovechamiento o explotación de los recursos naturales. Porque así como en el sector urbano de la subregión aún está todo por hacer para obligar al Estado y a los particulares a desarrollar estos principios, en el sector rural las cosas son aún más preocupantes, sólo que no están a la vista de la mayoría de la población urbanizada.
El POMA hay que entenderlo como un proceso y no como un producto, como una oportunidad y no como un costo; en últimas como un instrumento para abordar el anhelo de convertirnos en ciudades y subregión del conocimiento. De lo contrario, continuaremos reproduciendo el llamado “Síndrome de la Rana Hervida”, es decir, nos iremos quemando poco a poco y sin darnos cuenta en la olla del calentamiento global o del deterioro ambiental progresivo. Entonces, ya no encontraremos a quien echarle la culpa o a quien pasarle la factura de cobro.
21/11/09
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