Caleidoscopios Urbanos

La Avenida Caracas ochentera

Fuente: http://www.skyscrapercity.com/showthread.php?p=21637341

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Por: Luis Fdo. Acebedo R.

Eran las nueve de la mañana de un martes soleado en Bogotá. Se sentía el crujir de los motores de los buses ejecutivos sobre la Avenida Caracas, una de las vías más congestionadas y agresivas de la ciudad por aquella época. La Alcaldía Distrital había decidido convertir esta importante Avenida que atraviesa la capital de norte a sur en una troncal de buses de gran tamaño –por aquella época llamados eufemísticamente “ejecutivos”- ; escasamente tenían el espacio para sobrepasarse unos a otros en medio de la velocidad que desarrollaban en su competencia feroz por disputarse un pasajero en la próxima estación.

El separador central era una gran barrera para los peatones, levantado a unos 60 u 80 centímetros de altura con placas de concreto a los lados y tierra de relleno en el centro. Recuerdo que allí se sembraron unos Urapanes jóvenes, pero al poco tiempo cayeron enfermos en medio de las chimeneas humeantes de los vehículos de servicio público. Como remate del separador, sobresalían unas lanzas metálicas verdes dispuestas en diagonal, reforzando la amenaza contra cualquier intento de algún peatón desprevenido que osase atravesar la Avenida por los lugares no autorizados. Era un urbanismo prohibitivo, ajeno a cualquier consideración humanista de disfrute de la ciudad. Los vehículos se sentían como los amos y señores de la vía y circulaban raudos transportando estudiantes, obreros, trabajadores y amas de casa totalmente apeñuscados.

Al principio, en los buses ejecutivos sólo se transportaban las personas cómodamente sentadas a cambio de un mayor valor del pasaje, al poco tiempo y por el mismo precio, los buses eran verdaderos racimos humanos. Jocosamente, la gente decía que los conductores se apresuraban a cobrar el pasaje antes de que los pasajeros se cayeran del vehículo.

Al interior del bus, se podía ver el país entero, las diferencias culturales y de clase, el hombre impecablemente vestido de traje y maletín, mirando con desprecio al obrero con sus prendas sucias y un olor confuso entre un ligero baño y el sudor acumulado de una semana de trabajos en la construcción. Junto a la puerta del conductor, un joven intentando llamar la atención de los pasajeros para que observen las heridas putrefactas de su estómago y de esa manera provocar la donación de una limosna. En la puerta trasera, un vendedor de dulces espera su turno, luego de que se percata que la competencia le ha ganado la mano. Por el medio del vehículo, junto a una de las ventanas totalmente cerradas y herméticas del bus para impedir la penetración del frio matutino o la brisa ligera, una señora hace caso omiso del entorno y se maquilla como si aún estuviera en el tocador de su alcoba; un cepillo grande y redondo se agarra fuertemente de sus cabellos sobre la frente, mientras que algunos rulos intentan domar ciertos mechones rebeldes; entre sus piernas, el bolso abierto y en su interior, un kit completo de maquillaje entre una bolsa plástica transparente, la crema humectante, una base protectora, rubor, pinceles difuminadores de los polvos, pestañina, labial y lápiz delineador para darle mayor grosor a los labios, tijeras encrespadoras de pestañas; en fin, todo un arsenal de objetos embellecedores para ser usados con total precisión durante un par de horas de viaje en medio de los altibajos de unas calles ahuecadas. Y como si hubiese operado un verdadero milagro, al terminar el recorrido, la señora se baja del bus totalmente transformada, con su cabello suelto y su rostro maquillado e impecablemente vestida para estar presentada y coqueta en su puesto de trabajo.

La ciudad se percibía como la Avenida Caracas y como los buses ejecutivos, apretujada, injusta, inhumana, contaminada, insegura, incompleta o más bien en obra negra. Y sus gentes reflejaban lo que era la ciudad. Quizás su característica más destacada era la insolidaridad y la desconfianza, traducida en un genio de los mil demonios y en la mirada sospechosa de cualquier persona que intentara una pregunta o un acercamiento.

19/10/09

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2 thoughts on “La Avenida Caracas ochentera

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