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Una mirada sociológica a la relación de las estructuras del espacio físico y social en Manizales


Por: José Wbaldo Salazar Ramírez

Sociólogo
Estudiante de la Maestría Medio Ambiente y Desarrollo
Universidad Nacional de Colombia, sede Manizales.

Como lo afirma Bourdieu (1999: 179) los agentes sociales  se constituyen como tales, en relación con un espacio social y las cosas, en tanto los agentes se apropien de ellas como suyas; de igual forma, están situados en un lugar del espacio social que pueden caracterizarse por su posición relativa con respecto a otros lugares y por la distancia que los separa de ellos. Con este exordio se da apertura al presente artículo, resaltando la importancia de la mirada a uno de los “rascacielos” de Manizales que se construye al costado oriental del edificio de valor patrimonial en donde funciona la Escuela de Arquitectura y Urbanismo de la Universidad Nacional, seguido de la observación a una de las pocas “vías rápidas” de la ciudad: la carrera 23, para finalizar con el espacio interior  de la ciudad: el barrio.

Lugares de tránsito

Cuando se llega a la Escuela de Arquitectura y Urbanismo, considerado patrimonio arquitectónico por representar una estación central del cable aéreo que sirvió como lugar de recepción de productos y viajeros entre los “centros urbanos” de Mariquita y Manizales  en los albores del siglo XX, es inevitable mirar por contraste el nuevo edificio modernista (Imagen 1) al costado oriental de este “monumento”. Este edificio de fachadas en vidrio es producto de la libertad de la que disponen los arquitectos contemporáneos para jugar con la forma, el material y el color de sus obras. Como diría Bauman (2008:104) cuando analiza la Plaza de La Défense en París, los edificios de formas fantásticas que rodean algunos emplazamientos urbanos están hechos para ser mirados, no para entrar en ellos: “envueltos de arriba/abajo en cristal espejado, no parecen tener ventanas ni puertas de acceso”; con gran ingenio consiguen darle la espalda a los otros monumentos, a los otros lugares que lo rodean.

Imagen 1. Vista del edificio en construcción, desde el interior de la Escuela de Arquitectura y Urbanismo. Fuente: J.W.S.R
Imagen 1. Vista del edificio en construcción, desde el interior de la Escuela de Arquitectura y Urbanismo. Fuente: J.W.S.R

A la vista, resultan ser imperiosos e impenetrables desde la concepción de Bauman (2006:104) ya que ambas cualidades se complementan y se refuerzan mutuamente, es decir que, desde sus estructuras físicas transmiten sensaciones de exclusión pero a la vez de selección, por tanto, no todos pueden acceder a él ni mucho menos establecer relaciones dentro de él. Son como diría Bauman lugares inhóspitos, inspiran respeto pero desalientan la permanencia. Estas fortalezas herméticamente selladas, están en un lugar, pero no pertenecen a él, dada la otra arquitectura tradicional e histórica instaurada allí durante décadas.

Los requerimientos para definir su ubicación dentro del espacio físico, deben contar con la aprobación de la autoridad (Oficina de Planeación y Curaduría Urbana) que con alcance administrativo otorgan las diferentes licencias, generando un vacío sobre la primacía de la conservación patrimonial y arquitectónica del paisaje. Una vez más se observa que la lógica del mercado y el capitalismo mediado por grupos inmobiliarios estructuran y modelan las nuevas percepciones del espacio físico y social, así como también, el mismo espacio físico cosificado, producto del capital, modela la conducta del agente; luego, quienes entran en un espacio deben cumplir las condiciones que éste exige tácitamente de sus ocupantes/visitantes.

Por ello, los diferentes espacios sociales reificados (Bourdieu; 1999:182), es decir, físicamente objetivados o realizados, presentan así, una distribución diferenciada de bienes y servicios y también, de agentes individuales o grupos localizados físicamente provistos de oportunidades más o menos efectivas de esos bienes y servicios.

“La relación entre la distribución de los agentes y la distribución de los bienes en el espacio, define el valor de las diferentes regiones del espacio social reificado” (1999: 183).

Así, el acceso a esos bienes y servicios también están mediados por el capital y la distancia con respecto a ellos, además de la instrumentalización del conocimiento al momento de planificar la ciudad; para resolver este planteamiento es importante contar con el desarrollo vial y otros factores de equipamiento colectivo para que los agentes vivan la ciudad tanto comunitaria como individualmente.

La carrera 23 en Manizales: una vía para re-correr y con-sumir la ciudad

Se afirmaba en los párrafos anteriores que el capital da cierto poder sobre el espacio y se manifiesta en sus diversas formas sobre el espacio “habitado” o apropiado en palabras de Bourdieu (1999: 184) bajo la forma de una determinada “relación entre la estructura espacial de distribución de los agentes y la estructura espacial de distribución de los bienes y servicios, privados o públicos”. La posición de un ciudadano en el espacio social con respecto a la avenida Santander (Imagen 2), se expresa en el lugar en el que está situado y por la posición relativa en cuanto a desplazamiento y tiempo para llegar a ésta avenida que por su diseño y ubicación, hace de la ciudad de Manizales una comunicación bidireccional en sentido oriente-occidente, marcando el progreso traído por la “cultura cafetera”. Es decir que, los diferentes espacios sociales físicamente objetivados, tienden a oponerse en algunos casos.

Imagen 2. Vista de la Carrera 23 o Avenida Santander, entre las calles 60 y 65. Fuente: J.W.S.R
Imagen 2. Vista de la Carrera 23 o Avenida Santander, entre las calles 60 y 65.
Fuente: J.W.S.R

En esta avenida se encuentra un gran abanico de comercio que tiene en común posiciones elevadas por su inclusividad/exclusividad de su actividad y objeto comercial, pero también por las propiedades y calidades de las mercancías, haciéndose atractivo para ciertos grupos etarios, por lo tanto, puede ser una forma de mantener a distancia y excluir toda clase de intrusión indeseable. Se encuentra también sobre la misma, la mayoría de los agentes que ocupan posiciones dominantes, como también un amplio comercio para aquellos sujetos de poco capital, por no decir medido según sus condiciones sociales[1].

Las grandes oposiciones sociales objetivadas en el espacio físico tienden a reproducirse en el pensamiento y el lenguaje bajo la forma de oposiciones constitutivas de un principio de visión y división, es decir, en tanto que categorías de percepción y apreciación o de estructuras mentales” (Bourdieu; 1999: 184).

El llamado de éste autor es el de revelar sobre el sistema de preferencias que se instalan dentro del espacio físico apropiado a través de las cuales las estructuras sociales se convierten progresivamente en estructuras mentales, originando con ello, imaginarios de exclusión, una clase de poseedores que cada vez más disminuye en la lógica del mercado actual, y en dónde Manizales por su escaza industria y por la pocas posibilidades de generación de empleo y toda la problemática de falta de sinergia entre la ciencia y la industria, entre otras, reafirma esta hipótesis, además del interés y la connivencia de los expertos en privilegiar a grupos inmobiliarios con su conocimiento de localización, posición y ocupación de los espacios físicos y sociales.

Manizales no escapa a la realidad de las grandes megalópolis, donde el poder que da el capital en sus diferentes formas sobre el espacio es también un poder sobre el tiempo, la proximidad en el espacio físico permite que el espacio social produzca todos sus efectos al facilitar la acumulación de capital social y, más concretamente, al posibilitar encuentros previsibles y fortuitos que asegura el hecho de frecuentar los lugares; de la misma manera, quienes carecen de capital son mantenidos a distancia.

El interior de la ciudad: el barrio.

Tener y poseer capital intensifica la experiencia de infinitud: la posibilidad del desplazamiento, movilidad, gozar, vivir y consumir la ciudad a su antojo, gusto y semejanza; y en el lado opuesto, carecer de capital intensifica la experiencia de la finitud: anclaje a un lugar.

Las capacidades de apropiación de los diferentes bienes y servicios por un agente ya sea público o privado, en definitiva está mediado por el capital que posee; en efecto, ciertos espacios, y en particular los más cerrados, los más selectos, exigen no sólo un capital económico y cultural sino también un capital social. En la mirada interior (Imagen 3) los procesos de exclusión que se observan en ciertos lugares residenciales de Manizales como el barrio Palermo, refleja la realidad de un país donde los poseedores/tenedores cuentan con todo el acceso a los lugares, espacios y sitios para el tránsito o para el encuentro según su localización privilegiada.

Imagen 3. Vista del Barrio Palermo, Manizales. Fuente J.W.S.R
Imagen 3. Vista del Barrio Palermo, Manizales. Fuente J.W.S.R

En Manizales, como en Colombia, existen algunas “fronteras naturales” en la condición de límite al interior de la ciudad. Así como existen barrios para la clase dominada, como aquellos localizados al norte y sur de la ciudad; existen barrios para la clase dominante en el oriente y occidente, como una manera de “selección natural”, donde unos y otros por sus preferencias y por las posibilidades de acceso al capital se ubican de acuerdo a su condición de existencia material. Estos barrios como el que se aprecia en la imagen, denotan posiciones de exclusión e indiferencia con respecto a la miseria de los más desvalidos, aunque en la práctica comparten fronteras.

Casi siempre son barrios fantasmas. En la monótona regularidad de los horarios, sus moradores salen a tempranas horas y regresan a altas horas de la noche, razón por la cual en el tiempo restante del día, el barrio es un lugar sin actividad, sin vida; y en oposición, los “otros” barrios y sus mundos de vida, son más comunitarios, más propensos hacia el encuentro, en la esquina, en la calle o en escenarios recreativos y lúdicos, propiciando cierta clase de identidad con el territorio y el barrio.

Finalmente y sin el ánimo de localizar los planteamientos acá expuestos en la teoría de la marginalidad que bien fue planteada y criticada  hasta los años 60 del siglo pasado, en el espacio físico y social en Manizales se aprecian diferencias económicas y sociales que invitan a una observación más interna del desarrollo del urbanismo y la planificación de la ciudad, que complejice la mirada propiamente externa como consecuencia del acceso al capital; es decir, que el camino que siguió esta mirada es desde un punto de vista más singular desde las diferentes tramas que construyen los sujetos que habitan la ciudad en tanto categoría de percepción y apreciación, y la alusión al capital es simplemente para denotar metodológicamente la mediación de la sociedad capitalista en el consumo y las múltiples maneras del habitar, llegando a configurar lo que desde el gusto y la psicología económica se llama el sistema de preferencias.

Bibliografía

BAUMAN, Zygmunt. (2006). Modernidad Líquida. Fondo de Cultura Económica. Argentina.

BOURDIEU, Pierre. (1999). La Miseria del Mundo, efectos de lugar. Fondo de Cultura Económica. Argentina


[1] En ésta reflexión, no se abordará el tema de los estudiantes universitarios, siendo Manizales una ciudad universitaria por excelencia, dado que cualquier lector podrá preguntarse  cómo éstos sujetos en tanto capital (social y cultural) habitan y consumen la ciudad debido a sus jornadas escolares y por la localización de la institucionalidad educativa sobre ésta avenida.

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