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Reflexiones en torno al territorio y los pueblos indígenas.

Sólo existía la oscuridad.
Bajo ella Sabaseba creó lo que somos hoy: “Luz”.
En medio de la belleza de un espacio infinito,
Sabaseba creó la vida y con ella la razón de existir
de un pueblo: Ishtana, la Tierra.
Todo era oscuro, no había en la tierra,
sol ñana, agua, estrellas, totobira selva,
pescado, básico fuego, karera ni gente alguna,
sólo existía piña, Nankadura, y pequeños arbustos
donde se encontraban Sabaseba, nuestro Creador
y Saymadoyi, nuestros antepasados.
KA, INSHQUI SACKAYBA

Por: Efraím Quintero Manzano
Estudiante de la Maestría en Medio Ambiente y Desarrollo.
Universidad Nacional de Colombia, sede Manizales.

Si asumimos que el hábitat se construye socialmente y no simplemente se llega a ocupar, entenderemos el territorio como aquella forma simbólica de propiedad que da cuenta del sentido de pertenencia a un determinado lugar. El territorio adquiere no sólo forma en las relaciones sociales que allí se tejen, sino también sentido. Así, nos encontramos con dos aspectos referidos por Yori (2009): el sentido de lo material concebido como el proceso de construcción social-material del espacio físico “producción social del espacio construido”, hábitat; y el sentido de lo simbólico donde alude a los procesos de construcción social de la realidad y del hábitat propiamente dichos, no tanto al hacer la vivienda, pero sí a su modo de vida o de habitar de esa realidad.

Por otra parte y de una manera abstracta, Acebedo (2010) sostiene que la consolidación del territorio en cada momento histórico parece estar determinado por “la conjugación de por lo menos cuatro (4) fuerzas motoras que interactúan de manera dialéctica: Espacio, tiempo, técnica y movimiento. Dependiendo de las características de la sociedad y del modo de producción que predomine, las fuerzas motoras le imprimen al territorio sus características y connotaciones básicas”. Con este otro planteamiento, aunque enfocado desde ese proceso de tránsito de la sociedad industrial a la sociedad del conocimiento, se referencian esos elementos conceptuales que permiten construir un territorio por las actividades que se suceden en dicho territorio, en cualquier tiempo o espacio conocido.

A partir de los criterios anteriores, intentaremos vislumbrar lo que sucede en un territorio indígena como el Bari, localizado en torno a la cuenca del río Catatumbo al nororiente colombiano. Estos dos acercamientos teóricos, posibilitan encontrar las relaciones del sujeto estudiado con su territorio y manifiestan la construcción de un hábitat particular en esa dimensión espacio-temporal, modulada por sus actividades en procesos de acomodación al lugar.

El concepto de territorio para los pueblos indígenas implica integralidad ecológica, un proceso construido desde el engranaje de diversos aspectos constitutivos de su cultura, en su espacio-tiempo, su movimiento y reconocimiento constante de lo que camina y su historia particular: Sus imperativos culturales se remiten a su mundo cosmogónico que integran el todo y la naturaleza; incluyen procesos de apropiación de territorios que implican experimentación, adaptación y decantación de prácticas y conocimientos.

La apropiación, movimiento, innovación en tecnologías apropiadas al contexto y la convivencia con los territorios, se interrelacionan con complejas dinámicas de socialización cultural mediadas por las autoridades tradicionales o sabios, “…personas o instituciones reconocidas por el respectivo pueblo indígena como las Autoridades legítimas que administran y ejercen justicia en los territorios indígenas de conformidad con sus usos, costumbres, normas, procedimientos, reglamentos de convivencia y la legislación especial indígena. Que (manifiestan) la pervivencia y la construcción cultural territorial.” (Piñacué, 2003). Es entendible que la existencia y desarrollo de un pueblo indígena no es posible sin el territorio que han construido, apropiado y defendido culturalmente en miles de años (Salazar, 2005).

Es importante anotar en este aspecto de administración del territorio un componente importante, el Consejo de Caciques y sus asambleas semestrales, integrado por todos los habitantes mayores de edad y “registrados formalmente”, son las instancias donde se deposita la soberanía de todos los comuneros y se toman las decisiones de mayor trascendencia mediante procedimientos participativos de democracia directa. Autoridades que ejercen su conocimiento de las normas y procedimientos propios. (Bondia Garcia, 2009).

Asumir el territorio como construcción social con características particulares de acuerdo a una situación específica, un tiempo que transcurre, unos caminos y espacios recorridos, más unas maneras de hacer las cosas y con una simbología manifiesta en un tiempo ponderado, requiere plantear o proponer dos enfoques que vislumbren el quehacer de la comunidad dentro del territorio y por qué tanta anomalía para perdurar en lo espacial.

Un primer enfoque va argumentado desde los derechos de los Pueblos Indígenas y de los Grupos Étnicos junto con sus Territorios en el concepto de reconocimiento y protección de la diversidad étnica y cultural. (Salazar, 2005). Y un segundo enfoque visto desde la perspectiva que genera el caos y el cosmos como elemento estructurante de la creación del hábitat y su concerniente habitar.

Según Piñacué (2003) “Los Territorios Indígenas se entienden como las áreas poseídas en forma regular y permanente por un pueblo indígena y aquellas que, aunque no están poseídas en dicha forma, constituyen su hábitat o el ámbito tradicional de sus actividades sagradas o espirituales, sociales, económicas y culturales, así otros grupos étnicos o poblacionales habiten en dicho territorio”. Para las Naciones Unidas (Citado por Bondia García, 2008) “Son comunidades, pueblos y naciones indígenas los que, teniendo una continuidad histórica con las sociedades anteriores a la invasión y pre coloniales que se desarrollaron en su territorio, se consideran distintos de otros sectores de las sociedades que ahora prevalecen en esos territorios o en partes de ellos. Constituyen ahora sectores no dominantes de la sociedad y tienen la determinación de preservar, desarrollar y transmitir a futuras generaciones sus territorios ancestrales y su identidad étnica como base de su existencia continuada como pueblo, de acuerdo con sus propios patrones culturales, sus instituciones sociales y sus sistemas legales” (SUBCOMISIÓN DE PREVENCIÓN DE DISCRIMINACIONES Y PROTECCIÓN A LAS MINORÍAS DE LAS NACIONES UNIDAS: Estudio del Problema de la Discriminación contra las Poblaciones Indígenas, Doc. ONU E/CN.4/Sub.2/1986/7/Add.4, párr. 379).

El apego a las tierras ancestrales y a los hábitats en que viven es precisamente una de las características que distingue a estos pueblos. (Shelton Davis, 1991, citado por Salazar, 2005). Bajo este criterio es primordial identificar el mapa del territorio tradicional ancestral, el cual va aportar fundamentos interesantes al imaginario colectivo del pueblo Bari para defender sus derechos a su integridad étnica y cultural, sobre sus territorios tradicionales, frente a –por ejemplo- las solicitudes de exploración de grandes proyectos petroleros y carboníferos en su territorio.

El territorio es imprescindible para la supervivencia tanto física como cultural de los pueblos indígenas. Permite medirse, asumirse como conocido, facilita la interacción de sus componentes, involucra el pensamiento y la magia de lo desconocido poniendo en el imaginario simbologías abstraídas de la naturaleza y su creación por sujetos fuera de lo palpable y observable.

Es la posibilidad de encontrar esos territorios permeados por el tiempo, incrustados en la memoria de aquellos que se untaron con la valentía de los que venían, transfugados en las magnitudes de las montañas y los senderos evasivos, posicionados en la topofilia que requiere de ese espacio transitado de un lugar a otro lugar (Yi-Fu Tan) o la topofobia mesurada de lo no conocido pero también la toponimia referenciada en el relato arrullador de la abuela que marrulla el tabaco de la tierra cultivada con las pisadas de pies abiertos y desnudos.

La leyes de los libertadores son para nosotros un menor derecho no igual jamás al de los indígenas que tenemos desde antes nuestro derecho mayor…por eso nos hemos puesto a recordar y a pensar que todo el tiempo, desde siempre, los indígenas hemos vivido en estas tierras y mucho más … esta es la verdad, la más grande verdad, porque nadie en el mundo puede negar que este continente fue ocupado, habitado, trabajado antes que nadie por nuestros habitantes, luego por nuestros padres y hoy por nosotros mismos. De ahí, de esta verdad mayor nace nuestro derecho mayor. Manifiesto Guambiano, Cabildo de Guambía, 1980.

Su cosmovisión y su forma de vida trascienden. “…la vida social en los poblados originarios se estructura con base en el criterio comunitario, según el cual los intereses y derechos individuales no se le atribuyen al sujeto por el mero hecho de su calidad de ser humano individual, sino, antes bien, por ser miembro de su comunidad… Ello determina que el sujeto esté más integrado y obligado en la comunidad. (Bondia Garcia, año).

El concepto de territorio indígena pertenece al campo del pensamiento indígena, a su llamado derecho consuetudinario, y que constituye uno de los soportes de su cosmovisión. (Sánchez, 92 citado por Salazar, 2005). El territorio viene a ser la morada del principio creador, su cosmovisión magnifica lo contenido, permea todo concepto diferente a sus creencias religiosas o subjetivas sobre su posicionamiento en el lugar. Un principio generador “…de un universo de seres sobrenaturales que comúnmente ejercen potestad sobre la naturaleza”.

“Los Bari no se preguntan tanto por el origen mismo del mundo sino por la necesidad de alguien que ordene las cosas, las gentes y su conducta para que cada elemento esté en su sitio. Este proceso ocurre en la interacción entre Sabaseba, sus enviados y los Bari mismos… Viene con el viento desde el poniente donde vivía con su familia y llega a la tierra que encuentra “oscura, sin estructura, sin forma determinada, caótica (…). Con su trabajo la ordena, la modela, dándole una nueva forma hasta conseguir su situación actual: llanita y con sentido para poder ser habitada y disfrutada”. (Castillo 1981:290, citado por Jaramillo, 1992). Un territorio desconocido, extranjero, sin ocupar (lo que quiere decir con frecuencia: sin ocupar por «los nuestros»), continúa participando de la modalidad fluida y larvaria del «Caos». Al ocuparlo y, sobre todo, al instalarse en él, el hombre lo transforma simbólicamente en Cosmos por una repetición ritual de la cosmogonía. Lo que ha de convertirse en «nuestro mundo» tiene que haber sido «creado» previamente, y toda creación tiene un modelo ejemplar: la Creación del Universo por los dioses.

A manera de concluir este trabajo remito dos connotaciones presentadas en este, el considerar la construcción del territorio como algo que va con las especies y más con los seres humanos, fortalecidos con su poder de seleccionar y cuestionar un determinado lugar como emblemático o posibilitador de acciones inherentes a un mundo subjetivo que va a estructurar esa segunda connotación de crear un imaginario dotado de variedad de situaciones permeadas por los cuestionamientos de cómo se suceden las cosas o como aparecieron ellos en este enclave territorial. “…No nos interesa, por tanto, el hábitat reducido al análisis de unas propiedades físicas sino en tanto expresión de los procesos subjetivos de quienes lo gestionan y construyen. La idea de que el territorio es construido socialmente supone, por tanto, la construcción de una micro-sociedad, esto es, de un acuerdo social sobre el espacio”. (Yori, 2009)

Ahora, ¿Como vislumbrar un pensamiento generado o construido desde el territorio usurpado o tomado por otros? o ¿Que nos dicen los últimos que han llegado para permanecer en los lugares que fueron de otros retirados a la fuerza?; ¿Será que esa construcción de ese territorio por los nuevos poseedores es parecida a esa historia contada desde los conquistadores o colonizadores en estos más de quinientos años recorridos? “Desde siempre, la cuestión indígena ha sido, sobre todo, una cuestión territorial y por tanto, parte del sistema mundo moderno-colonial y, por esta razón, es uno de los meollos de la cuestión nacional.

Referencias.

Acebedo, Luis Fernando. (2010). El Concepto de Territorio y el Tránsito de la Sociedad Industrial a la Sociedad del Conocimiento. En: Cuadernos de clase 01-03. Elementos para una teoría del desarrollo territorial. Universidad Autónoma de Manizales. Pp: 235-263.
Ashcayra Arabadora Acrora. La explotación petrolera en el Catatumbo -Colombia; Genocidio al Pueblo Bari. Disponible en: www.cdca.it/IMG/doc/explotacion_petroleo_documento_de_los_bari.doc. Búsqueda realizada el 5 de septiembre de 2011.
Bondia Garcia, David. De lo Global a lo Local o de lo Local a lo Global. Informe Relator Especial ONU para los Derechos de los Pueblos Indígenas, Julio de 2009. Instituto Colombiano de cultura hispánica. Geografía Humana de Colombia.
Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República. http://www.lablaa.org/blaavirtual/bio.htm. Búsqueda realizada el 5 de Septiembre 2011
Páez Quintero, David Alonso. MUNDO BARÍ. Un pueblo que se niega a desaparecer. 2010.
Piñacue Achicue, Jesús Enrique.(2003). Colombia: Proyecto de Ley sobre Jurisdicción Especial Indígena. http://alertanet.org/proyecto-colombia.htm. Búsqueda realizada el 4 de septiembre de 2011.
Porto-Gonçalves, Carlos Walter. Los indígenas y la cuestión nacional (o de ONG y transnacionales). http://www.rebelion.org/noticia.php?id=116460. Búsqueda realizada el 5 de Septiembre 2011
Salazar J., Carlos Augusto. ISHTANA, el Territorio Tradicional BARÍ. Informe final sobre territorio tradicional del Pueblo Indígena Bari, Región del Catatumbo, Norte de Santander. OXFAM-CECOIN. Agosto – 2005
Yori, Carlos Mario. (año). La Construcción Social del Hábitat. Una aproximación antropogeográfica a la ciudad latinoamericana, en “clave de La Construcción Social del Hábitat. Una aproximación antropogeográfica a la ciudad latinoamericana, en “clave de derechos derechos”, orientada a la recualificación de las políticas públicas en materia de hábitat y calidad de vida. Los casos de Ciudad de México y Bogotá, período 1995-2009.

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